INTRODUCCIÓN
Tanto al hablar como al escuchar, los gestos, la postura, la
entonación... ayudan a hacer más amena y expresiva -más comprensiva,
en definitiva- la comunicación. Y aunque es verdad que su uso es bastante
personal a casi nadie se le olvida utilizarlos de una u otra
manera.
Sin embargo, al escribir la puntuación es frecuentemente ignorada, y
eso que la mayoría de los casos responden a unas pocas reglas.
Respetarlas ayuda mucho a estructurar un texto, a destacar las ideas
principales de las secundarias, a evitar ambigüedades y, sobre todo, ayuda
en su lectura y su comprensión. Si no lo crees, compruébalo en estos
sencillos ejemplos:
A)
El maestro dijo: "Javier es un burro"
El maestro -dijo Javier- es un burro
B) Pásame la sal, gorda.
Pásame la sal gorda