Doña Rosita la Soltera 

 

 

 

 


UN NUEVO FINAL PARA DOÑA ROSITA

 

Al cabo de los años Doña Rosita se encuentra impedida y sin nadie que la atienda, solitaria, aburrida y con la idea y el recuerdo de su amor. Pasa las horas, los días y cada día se encuentra peor, teniendo que recurrir a los servicios sociales de su ayuntamiento. Toman cartas en el asunto y, valorando la incapacidad de Doña Rosita, deciden internarla en una residencia.

Los primeros días en la residencia fueron muy duros para ella, no conocía a nadie. Se limitaba a dar paseos con la silla de ruedas por los pasillos y sin hablar con nadie. Una tarde lluviosa conversó con otra residente y le preguntó por qué estaba allí. Rosita poco a poco fue contándole toda su vida, incluida la amorosa. Así pasaron muchas tardes juntas, animándose una a la otra. Un día le dijo la compañera a Doña Rosita:

-¿Por qué no te animas y damos una vuelta por las salas de ocio?

-¿Y que podemos hacer allí?

-Jugar a las cartas con el resto de compañeros, ver la tele, leer, escuchar la misa.

-Prefiero escuchar la misa – dijo doña Rosita.

-Pues venga vamos.

Según entraron por la puerta de la capilla, a Doña Rosita le dio un vuelco el corazón, no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Era él, allí estaba, en la primera fila. Al oír el ruido él se giró, y tampoco daba crédito a lo que veían sus ojos. Era ella, Doña Rosita.

-Dije que te seguiría buscando y el tiempo sin quererlo me ha dado la razón.

-Quien diría que nos íbamos a encontrar en este sitio.

Doña Rosita no decía nada, a partir de aquel día volvieron a entablar conversación y al cabo de unos meses anunciaron su boda en la residencia. Se casaron, celebrándolo por todo lo alto. Él sólo acertó a decirle:

-Te dije que seguiría intentándolo y lo conseguí.

Y vivieron felices y comieron perdices.

 

OPINIÓN PERSONAL

 

Me parece una obra típica de principios del  siglo xx. Funcionaba mucho el marujeo, los dimes y diretes. Se utilizaba a la mujer como moneda de cambio intentando buscar el mejor del pueblo para casarlas en contra de su voluntad.

Me ha parecido una obra entretenida, porque utilizan un vocabulario típico del siglo xx y para el siglo que le tocó a Doña Rosita es algo compresible todo lo que ella hizo. Por otro lado también tiene parte de culpa, porque se estaba engañando a ella misma.

AUTORES:

Mikel Nistal y Jesús del Río