DIARIO DE A BORDO

 

 

 

 

14 de Octubre de 1784

 

 

Hoy hemos disfrutado de una navegación tranquila ya que el viento ha soplado constante pero suavemente del oeste, acercándonos a las islas  Calavera. Cuando nos encontrábamos a 50 millas de la costa de una de las islas me pareció ver que algo brillante se acercaba por estribor a nuestro galeón. Mi tripulación, que trabajaba duramente en el barco para conseguir arriar el foque, obedeció con prontitud mis órdenes y paró el barco tan rápido como les fue posible. Lanzamos un bote al agua tripulado por dos marineros que con la ayuda de un redeño alcanzaron lo que resultó ser una botella de ron. Una vez que tuve la botella en mis manos pude comprobar que en su interior contenía un mensaje.

 

El  mensaje, que provenía sin duda de un náufrago, narraba sus peripecias, sufridas tras  un terrible naufragio. Agotado, el individuo había llegado a una isla empujado por las olas y agarrado del palo mayor de su barco. Afortunadamente del barco llegó un baúl en el que encontró todo lo necesario para enviar un mensaje, tinta, papel y botellas de ron.

 

Después de consultarlo con mis hombres he decidido que debemos ir a buscarle. Somos piratas, pero no somos tan desalmados como para abandonar a este desgraciado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15 de Octubre de 1784

 

A primera hora de esta mañana, para nuestra sorpresa, hemos divisado de nuevo otra botella en el mar. La letra y la botella son similares a las que encontramos ayer, sin duda, se trata del mismo náufrago. En este segundo mensaje describe detalladamente la isla en la que se encuentra. Pondría la mano en el fuego y no me quemaría al decir que se trata de la isla de Molokay situada en el archipiélago de las islas hawaianas ya que la descripción realizada por este hombre coincide con el nítido recuerdo que yo almaceno en mi cabeza sobre esta isla. Estoy convencido de que se trata de esta isla porque describe con gran claridad el volcán que en ella se encuentra y ha llegado a mis oídos que hace poco estuvo en erupción..En el mensaje nombra también la existencia de una exuberante vegetación y no me cabe duda que la de Molokay es muy verde.

Por todo esto, hemos decidido cambiar nuestro rumbo y partir mañana hacia Hawai para salvar a este desdichado cuanto antes.

 

18 de Octubre de 1784

 

Tras tres días de dura navegación, surcando mares del pacífico, hemos dado con la isla ya citada. He organizado a mis hombres en grupos y acto seguido hemos dado comienzo al rastreo de la isla. El náufrago se encontraba en un acantilado próximo a la playa. Se trata de un hombre alto y de avanzada edad. El poco pelo que tiene es de un tono grisáceo y le cae en salvajes greñas por encima de los hombres. Su nariz es aguileña sus ojos de un azul intenso como el mar del caribe y su extrema delgadez permite contar todos los huesos de su largo cuerpo.  Después de un rato de conversación hemos averiguado se trata de un comerciante inglés y que fue el único superviviente del barco naufragado. A pesar del tiempo transcurrido en esta isla conserva los buenos modales propios de un caballero inglés.

He de dejar aquí el diario porque me espera mañana una larga y dura travesía.

 

Capitán Subordinón

Ana Olabarri      4º B